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Un texto de más de 140 caracteres es aburrido.

Un plano de más de 30 segundos sin cortes ni explosiones es una osadía.

Siempre es preferible un GIF a una imagen estática.

6 segundos son perfectos para triunfar en el humor.

Un artículo publicado ayer, hoy ya no tiene valor.

Cualquier foto vale para un mal día en Instagram.

Con un Whatsapp te libras de visitar a tus padres.

Puedo criticar a quien quiera parapetado en mi ordenador.

Eres un cobarde por criticarme parapetado en tu ordenador.

Para que alguien deje de existir, sólo tienes que bloquearle.

Por mucho que salga como leído, no leí tu mensaje.

Que la depresión no me fastidie mi «Selfie» diario.

Un «Me Interesa» a tiempo es un buen «No asistiré».

Haz saber que te gusta con un emoticono.

Sonríe. Sonríe. Sonríe.

Y así pasa nuestra vida. Esquivando balas que no hacen daño y viviendo escondidos debajo de la Red. Tranquilos, esto no es malo. En el momento que alguien se sale de estas normas sociales del sencillo mundo de lo políticamente correcto y, es un puto anormal y eso si que es lo peor.

¿Qué es eso de decir las cosas a la cara? ¿Qué clase de engendro dice lo que piensa realmente? ¿Quién no suaviza esa frase dura con esa carita sonriente amarilla?

Os propongo algo que muchos lleváis muy dentro de vosotros y no queréis sacar a la luz. Coger a toda esa gente que os molesta para que salgáis de vuestra zona de confort. A todos esos malnacidos que os dicen la verdad de vez en cuando. A esos insensibles que dicen a gritos lo que tu pensaste alguna vez… Y quemarlos. En la plaza del pueblo. Que nadie se atreva a seguir su ejemplo.

O mejor… Bloquearles. No vayamos a derrumbar esa gran mentira que hemos creado.

Bienvenidos a Matrix.

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Retomando las teclas

Publicado: febrero 10, 2016 en Cuaderno de Viaje
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El retomar un blog normalmente se debe, después de tanto tiempo en barbecho, a una cuestión meramente emocional. Un impulso de sacar algo que tienes dentro y que necesitas que quede plasmado a la vista de todo el mundo. Ese impulso, que no se cuanto durará y si dará mucha o poca vida a este pequeño sitio de internet, se ha dado hace escasa media hora.

¿Qué ha pasado? La confirmación de que he estado demasiado tiempo callado. Un silencio unas veces cómplice y otras culpable que no ha hecho más que conseguir una cosa, acumularse una cantidad ingente de hechos que deben de ser contados, ya sea por justicia o por mofa.

Así que, con 30 años, ya va siendo hora de dejarse de mierdas y no casarse con nadie (en contra de lo que le gustaría a mi madre). Desde este instante y como haría Lisa Simpson, voy a empezar a pegar patadas al aire y si alguna parte de alguno de vosotros se introduce en ese aire, será sólo culpa vuestra. Avisados quedáis.

Cuaderno de viaje: Al ritmo del bastón

Publicado: noviembre 18, 2013 en Cuaderno de Viaje
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El ritmo del bastón amortigua el ruido de la marcha del tren.

A modo de maestro del flamenco para turistas y demás incautos, el viejo, cansado en su eterna lucha, ameniza otro día más el viaje del trabajo a casa.

Las pilas del fan de La Húngara y El Fandi, como bien nos recalca a cada ocasión que puede, hoy están desgastadas. No le culpo. La vida del artista es cansada, pero más del que se lo cree sin serlo.

Con ritmo único, golpea con el bastón el suelo del vagón mientras cuenta una batallita conocidapor todos los habituales.

Busca el cruce de miradas,a modo de faro que le muestre el puerto donde pueda atracar. Hoy la pesca esta complicada.

Una señora de mediana edad no puede evitarlo y sonrie. Objetivo marcado.

El viejo truhan se lanza a la captura del dinero de la buena mujer. Ahí, como un ritual largamente repetido y perfeccionado, baila, canta, cuenta un par de chistes y sonrie hasta cumplir con la ilusión optica del rejuvenecer. En el momento que caes en sus garras, el ruido de las monedas sustituye al del bastón.

Las pilas cargadas de nuevo. Comienza de nuevo el ritual. El tiempo pasa, sin embargo, algunas cosas nunca cambian.

vias-de-tren

Hoy, otro viaje. La ida de todos los días. Fuenlabrada – Madrid.

La gente me pregunta porque aún sigo viviendo en Fuenlabrada, cuando estoy más en Madrid que en mi propia casa. Incluso yo me lo pregunto algunas veces, chupando viajecito de ida y vuelta todos los días.

Cuando el tren sale de Fuenlabrada, entre las carreras, empujones y confusiones de segundo antes en el anden, aún estás buscándote.

Al pasar por Leganes, la pereza se adueña de mi. Me ahorraría valiosos minutos de vida si viviera en la capital.

Cruzando Zarzaquemada, veo el primer argumento en contra de mi marcha a la gran ciudad. Madrid, con todo su esplendor, muestra su cubierta de eterna polución. Hay días que la boina grisácea es tan densa que me cuesta distinguir los edificios más altos y característicos de la capital.

Al llegar a Villaverde, saco la libreta, el bolígrafo y miro el papel en blanco.

Tras atravesar el túnel de Puente Alcocer, ya llevo dos o tres páginas escritas.

En Orcasitas, sube alguien. Una persona más entre tantas, pero… tiene algo. Mi mirada viaja de sus ojos al papel.

La musa de hoy se baja en Mendez Álvaro. Fue una relación breve pero intensa. Así las letras torcidas de mi libreta lo atestiguan.

En Atocha, el tren se vacia y llena en cuestión de un segundo. No puedo dejar de pensar en esta lata de sardinas en ese único segundo.

El cambio en Embajadores me lleva a la realidad, a los recueros y a la vida diaria. Guardo la libreta y me dejo llevar. A la vuelta me reencontraré con el paciente papel.

Vivir en Fuenlabrada, para un madrileño, es un coñazo. Ahora, en el cambio perderia esos momentos únicos en los que escribo por escribir y observo por conocer.

La voz metálica de la megafonía anuncia la llegada a Embajadores y, con ello, un nuevo hasta luego.

Texto recuperado mientras escucho:

Remember Me – Murray Gold (Doctor Who)

Cuaderno de Viaje: La espia

Publicado: octubre 25, 2013 en Cuaderno de Viaje
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Mata_Hari_15

No era precisamente Matahari. Posiblemente la confundiría con algún plato tradicional hindú. Sin embargo, nos engaño a todos.

Era simpática, bromista y disparatada en los buenos momentos. Era atenta, preocupada y sincera en los malos. Sonreía ante todas las bromas y podía hablar de cualquier tema. Le gustaba cualquier plan y los que proponía no eran en absoluto aburridos. Era, en definitiva, tan perfecta como la normalidad podía concederle.

Sin embargo, pocos engaños duran toda la vida.

Poco a poco, las sonrisas fueron transformándose en desaprobación, las bromas, en sarcasmo y los disparates, en chorradas.

Día a día, la atención pasó a ser obsesión, la preocupación, enfado y la sinceridad, crueldad.

Sonreía para evitar hablar y bromeaba como respuesta a cualquier tema.

La normalidad nos concedió el tedio y el tedio mató la perfección.

Se había infiltrado en las líneas enemiga y había entrado hasta la cocina.  O, simplemente, la dejé todas las puertas abiertas y entró como si fuera su casa.

Ante eso, la decisión fue difícil, pero la acción fue directa.

Algunos me tacharán de radical. Sin embargo, hay peores engaños que de los que hablan en las revistas. El peor de todos viene cuando te enamoras de una coraza que sólo esconde vacío y amargura.

No puedes pedir reembolso ni explicaciones. No puedes buscar culpables sin plantearte auto-inculparte del crimen. Sólo puedes decir adiós.

Y así, como vino, se fue. Otro gallo caerá en sus fauces. La espía por fin completará su objetivo y podrá chuparle la felicidad a su nueva victima.

Pero, esa es otra historia.

Texto recuperado escuchando:

Behind Blue Eyes – The Who

Todo en este universo tiene ciclos. Primero, de ascenso, luego de hegemonía y, finalmente, de caída. La humanidad está, a todas señales, en uno de caída… libre, sin paracaídas, con los ojos vendados, sin frenos y gritando con una amplia sonrisa. La erótica de la autodestrucción.

No es crisis, ni valores, Son palabras demasiado grandes que usamos con una facilidad asombrosa.

Delante mía veo a una pareja con un bebé, Ninguno supera los veinte años. El niño llora. No con un lloro real, si no con el gimoteo egoista que de mayor se convertirá en otras reacciones mucho menos divertidas.

Los padres, incapaces, no saben que hacer. No puedes pedir mucho a una chica que sigue la excelsa programación de Telecinco y a un chico que su mayor logro en la vida es pasarse el último Call of Duty. Sus intentos de tranquilizar a la criatura se acercan más a jugar a las casitas a algo útil.

No estoy diciendo en ningún momento que pasen del crío y dejen que se pudra. En Esparta llevaban la disciplina a cotas famosas en el mundo entero y, aún así, también cayó.

Lo que ocurre es que, mientras que en otras familias parecidas, sabes que la cosa va a acabar bien, aquí la intuición es más puñetera.

Yo, ante esto, me siento aterrado. No por el futuro que vislumbro en el horizonte de esa familia. Mis miedos van más por encontrar a mi alrededor decenas de personas admirables, merecedoras de dejar un legado genético en esta tierra que, por convicción o por circunstancias del caprichoso destino, han descartado el camino de la familia. Entre ellos, un servidor.

Mientras una amplia mayoría de los padres actuales han demostrado su ineptitud, un enorme número de gente con talento, inteligencia o ambas han decidido que son incapaces o no les interesa llevar a cabo esa misión genética.

La evolución humana dejó hace tiempo de significar caminar hacia adelante. El Homo Cangrejus ha llegado y parece que pronto dominará el cotarro.

Creo recordar (y con ello quiero no tirar de Wikipedia, con las consecuencias que eso traiga), que Einstein dijo que no sabría como iba a ser la Tercera Guerra Mundial, pero, la cuarta se libraría con palos y piedras.

El genio no conoció el Call of Duty.

Texto recuperado mientras escucho…

I am the Doctor – Murray Gold (si, que escriba unas cosas no quiere decir que, estando el 50 aniversario de Doctor Who cerca, pues… ¡Allons-y!)

metro_viena

Me miras y no decimos nada, pero se lo que quieres: un futuro. No un futuro a largo plazo, si no llegar de la manera más digan posible al siguiente día.

Te miro y no puedo más que tener cientos de sensaciones.

Te admiro. Posiblemente yo me hubiera rendido al segundo día.

Te odio por lo que significa que tu vida este en este punto.

Te temo. Nadie esta libre malas rachas y peores políticos.

Te obvio. Mi camino de ambición no admite derrotas.

Me castigo por no poder sacarte del atolladero.

Me atenazo. No se que es lo correcto.

Me animo. Me podría ir mucho peor.

Me enfado. Este mundo es una mierda.

Entonces llega el incomodo momento, más para ti, de poner la mano.

Lo siento, no tengo.

Bueno, no es que no tenga pero, lo necesito. No soy rico, ¿sabes? Es tan complicado todo. Además, no tengo suelto y no voy a darte un billete.

No por nada pero… Ya sabes.

Esto es culpa del gobierno, los mercados, Europa, EE. UU. China, los inmigrantes, la televisión, el futbol, los toros, la SGAE, el 15M, Intereconomia, Rajoy, Zapatero, Aznar, González, Suárez, Franco, Felipe II, los Reyes Católicos…

No me mires así. En serio, no puedo darte nada. En el anterior tren un hombre más mayor, más ajado y con más tristeza en la mirada se ha llevado el poco suelto que tenía y no puedo darle a todo el mundo. Si no, al final, el pobre sería yo.

Además, ¿quién me dice que te lo mereces? No te voy a pedir el curriculum pero, no se… Otros cantan, escriben poemas o cuentas chistes. Tú sólo me miras.

¿Sabes que soy escritor? Si, no puedo darte nada más que mis letras. Puedo contar tu situación. Quizás podría montar un Crowdfunding que te saque del atolladero. Implicar a los medios. Convertirte en un símbolo. Y, de paso, conseguir un mundo mejor.

Pero, otra vez será, mi parada ha llegado y tengo que irme. Buena suerte. Espero que se te de bien el día. Seguro que el siguiente vagón hay alguien que puede ayudarte. Hasta pronto y que te vaya bien.

Los pensamientos se convierten en la buena acción del día y la vida sigue.

Mente tranquila en huida de un mundo de mierda.

Texto rescatado mientras escucho:

Broken Hearted – Eric Clapton

Creyente en la fascinación terrenal por los asuntos infernales, en otros tiempos podría afirmar, sin atisbo de duda, que ser el abogado del Diablo , aparte de coherente, podía ser atractivo. Nada más lejos de la verdad, en una sociedad donde la sinceridad del averno contrasta con la hipocresía terrenal o la falsa moral celestial.

Posiblemente, en mis ** años de experiencia defendiendo sin minuta ni beneficio alguno, sólo he recibido golpes variopintos y enemigos de diferente calado y nivel. Porque, satánicos y amigos del rojo azufre, la realidad es que, por muy sinceros, pragmáticos y algunos más atractivos que otros, el estilo demoníaco de ver que pensaba Judas antes de ahorcarse no interesa más que a historiadores, guionistas (como un servidor) y algún cura despistado que gusta de analizar más que de predicar.

Yo, por desgracia, soy un hombre de leyes gratuitas, que ofrezco mis servicios a la lógica (el que quiera usarla) y a la razón (el que la tenga). Considero primordial entender al contrario, en un ejercicio vano de entender al propio y al cercano. Pero, eso, en la sociedad del blanco o negro, de la manipulación de la verdad y la coronación de la mentira, no es un oficio bien visto.

Porque un abogado ahogado es un buen comienzo, aunque sea tu defensor.

Texto recuperado mientras escucho:

My Generation – The Who

Cuaderno de Viaje

Escribir, para gente como yo, es un impulso, algo que no puedes detener. Cuando el cuerpo te lo pide, buscas cualquier cosa para escribir de una manera lo más inteligible posible y empiezas a soltar palabras, unas veces con más sentido que otras. Eso, con el paso de los años se convierte en una compilación desordenada de cuardernos, folios, servilletas, folletos, fotografias, periodicos y toda clase de papeles que, en el mejor de los casos, se pierden en lo más profundo de un archivador…

Hasta hoy.

Hoy recupero este blog para, aparte de utilizarlo con su utilidad original, que es promocionar lo que voy haciendo, para ir recuperando todos esos textos que han formado parte de mi vida. Sin correcciones ni cambios. Con sus locuras, faltas e incoherencias. Auténticos al 100 % y sin miedo al ridículo.

Sólo hay una gran regla: No seguiré ningún orden de publicación. Me resulta tan divertido imaginar como se mezclan textos de cuando tenía 15 años con notas de hace dos días…

En breve veréis el primer texto. Espero que lo disfrutéis.